festina lente

lunes, 29 de agosto de 2011

La piel que habito

Admito que tengo un montón de prejuicios para con el cine español. No me gusta y no lo veo. Me niego a ello desde que tengo uso de razón. Normalmente, todas las películas están cortadas por el mismo patrón, en el que política, resentimiento, sexo o chanza se intercalan para dar lugar a burdas historias que no creo que interesen a nadie y que todos pagamos. Salvando alguna de Julio Médem y de Isabel Coixet, así como las de Amenábar, no sé más de cine español.

Almodóvar no ha podido escaparse de estos prejuicios, de hecho, confieso que solo he tenido el valor (y digo valor, porque prefiero pensar que me pierdo a un grande, antes de darme cuenta de que me he tragado una bazofia) de ver Los abrazos rotos. Reconozco que me gustó y mucho. Penélope Cruz no estaba sobreactuada (como suele) y el gusto por cuidar los detalles del manchego se hacía evidente en cada escena, en cada plano. Y, reconozco, que siento un especial fervor por los detalles y porque en una película nada se escape, todo cuadre y sea, algo así, como una historia perfecta.

El caso es que hoy les comento esto, debido al inminente estreno de la nueva del aclamado cineasta, La piel que habito. Desde que se presentó en Cannes y pude ver el primer vídeo promocional de tan solo 30 segundos, sin voz, con una música de violín trepidante y unos fotogramas extraños que reflejaban una realidad un tanto paralela, me picó la curiosidad y mucho. Investigué al respecto: supe, de momento, que estaba inspirada en la novela Mygale (o Tarántula, traducida al español) del recientemente fallecido autor francés Thierry Jonquet. Ipso facto, me la descargué para leerla en el Kindle ASAP (lectura que, reconozco, aún no he abordado por culpa de George R. R. Martin, como les comentaba aquí) y comprobar con qué sorprendería "Pedrito" a sus muchos admiradores.

He de reconocer que tengo ganas de que la estrenen. Iré a verla al cine y espero que los 5 euros que me gaste me merezcan la pena y pueda salir del cine sintiéndome bien tras habérmelos gastado. Elena Anaya me gusta, su menuda forma de moverse y esa cara dulce pero expresiva suponen un punto a favor para Vera, la protagonista de la historia, así como de las ensoñaciones del maquiavélico Antonio Banderas para el Dr. Robert Ledgard, que engominado y con el ceño fruncido, no puede parecer otra cosa que un doctor Frankenstein del nuevo siglo, obsesionado por la muerte de su esposa y por la creación de piel artificial sensible a las caricias.

Sin dudas, es un cuento de terror. Un cuento de terror clásico en el que las aspiraciones a ser creador, seguro, jugarán malas pasadas a Banderas, así como a todas las fichas implicadas en su demencial y peligroso juego. En serio, estoy entusiasmada por ver esta nueva película de Almodóvar (cosa que jamás creí que pudiera decir). Simplemente, les dejo el tráiler de los 30 segundos, efímero, fugaz y capaz de abrir los apetitos de cualquiera al que le guste la ciencia ficción y el cine, mínimamente. Si me permiten un detalle frívolo, Jean Paul Gaultier colabora en la selección de vestuario. ¿Podríamos, ustedes y yo, pedir más? La veremos y, entonces, discutiremos.




P.D.: Hasta el día 9 estaré ausente muy probablemente. No tengo tiempo de dejar entradas programadas, aunque lo intentaré. Comienza mi calvario de exámenes de septiembre, determinantes para empezar el máster. Acuérdense de mí y deséenme suerte. ¡Sean felices!

2 comentarios:

Ophelia dijo...

Esos violines me dan escalofríos, pero no quita que tenga muchas ganas de verlas. Un besete

dissapointed dijo...

Yo no me pierdo una sola de isabel coixet.. y almodovar.. mira.. de vez en cuando, igual tiene algunas que me gustan como otras que no... pero en general estoy de acuerdo con tu opinion sobre el cine español!!!
muchos besos!!