festina lente

miércoles, 17 de agosto de 2011

Obsesiones

Soy una persona fácilmente "obsesionable" y eso es un hecho, al igual que un aspecto idiosincrásico a mi persona humanada. Tanto si tengo tiempo libre como si no, me ocurre; no obstante, en verano suele pasarme más ya que tengo menos cosas en las que pensar. Por ejemplo, algunas de mis obsesiones de este verano son las siguientes:

1. La canción The Sun, The Trees de Russian Red. La he escuchado hasta que Spotify me ha dicho que se acabó lo que se daba. Está en el iPod y es lo primero que pongo al encenderlo. He de reconocer con vergüenza que la segunda canción con la que más soniquete he cogido este verano es Tonight (Give Me Everything) de ese dechado de horterismo y poco gusto estético que es Pitbull y sus secuaces Ne-yo y Nayer.



2. La brillantina y los zapatos aderezados con ella. Aún conservo de mis años de colegio unas bailarinas plateadas, así como los zapatos de mi graduación de bachillerato de allá por el año 2006 (zapatos que son clones idénticos a estos de Manoush que lucía la ñoñísima Alix, de The CherryBlosson Girl en 2009). No obstante, mi obsesión este año es Miu Miu (Miuccia Prada me lleva por el camino de la amargura) y estas maravillas del mundo moderno:



3. Soy muy impresionable en lo que respecta a series televisivas: cuando empiezo a ver una, hasta que no acabo no puedo hacer otra cosa (ejemplo de ello es haberme tirado dos semanas prácticamente sin salir de mi piso en Sevilla, salvo para ir a clases selectas, mientras me ponía al día con Perdidos al inicio de la sexta y última temporada). Este verano, la obsesión la protagonizaron The Killing, allá por junio y, posteriormente, Game of Thrones. Sinceramente, os recomiendo que no dejéis de verla. Es puro cine en la pequeña pantalla (¡Gracias, HBO!).



4. Por ende, si con las series me obsesiono, con los libros más y mejor. Desde que me compré en enero un Kindle, mis posibilidades de acceso a libros se han visto elevadas a la enésima potencia, con lo que puedo acceder a casi cualquier libro en casi cualquier idioma al instante (¡Dios salve a Amazon!). Aún está en mi memoria la horrible fiebre de primavera que cogí con Haruki Murakami (que se hizo evidente aquí) o la meta que me puse en invierno de leer todo lo publicado de Jane Austen. A raíz del visionado de Game of Thrones, empecé a volverme loca con la (aún incompleta) serie de libros en la que se basa, A Song of Ice and Fire, del norteamerican George R. R. Martin. Aún me encuentro enfrascada en la lectura del tercer libro  A Storm of Swords, ya que presenta todo un desafío, al tratarse de volúmenes que rozan las mil páginas en la mayor parte de los casos. Sin dudas, la historia es genial, excepcionalmente tramada, complejísima desde el punto de vista de los personajes y novedosa en cuanto al hecho de que no hay ni buenos ni malos declarados, sino que todo depende de cómo tú lo veas.



5. Otras dos obsesiones que tenía pendientes eran la adquisición de unos zapatos Lady Dragon de la colaboración entre la histriónica Vivienne Westwood y los plasticosos zapatos Melissa, así como darme a la lomografía de manos de una cámara analógica (a lo que todo el mundo pregunta suspicaz: ¿de carrete? ¿en serio? ¡pues vaya atraso!). Ambas obsesiones se concretaron en deseos realizados este verano el día de mi cumpleaños y, desde entonces, pues nada, sigo obsesionada y feliz de disfrutar ambas cosas.

  



A lo mejor debería hacérmelo mirar pero, desde luego, no pueden negar que de pasiones hay que vivir en la vida y, si estas son las mías, pues tampoco son tan malas... ¿acaso ustedes jamás se han obsesionado con algo? ¡No me mientan al decir que no y sean felices!



1 comentario:

Ophelia dijo...

No son malas obsesiones, las hay más enfermizas... Comparto algunas contigo, desde Miu Miu a Juego de Tronos (: