festina lente

martes, 10 de enero de 2012

Paradise



Desde hace ya un año, he realizado el 98% de las lecturas en mi Kindle, ese gran invento del gigante Amazon. No obstante, asisto con pena al cierre de librerías históricas en todas las ciudades de España, como el año pasado cuando cerraron la mítica Aniceto, en Salamanca, o cuando este año mi querido A quiso llevarme a una pequeñita de segunda mano que solía haber en el casco histórico de Cáceres y cuyas puertas encontramos forradas de papel de embalaje marrón, denotando su cierre.

Es triste ver cómo los libros mueren, mejor dicho, cómo asesinamos a los libros, y por ende, a las librerías de toda la vida, desviando todas nuestras lecturas a esos aparatejos inventados por las grandes superficies como Amazon o Barnes & Noble, así como por las grandes empresas de electrónica, como Sony, para derrocar el viejo y entrañable oficio de librero.

Sin embargo, hay que decir que esos chismes no puede reemplazar al libro material, pues no hay nada tan cándido como el suave peso de un volumen sobre el regazo, el tacto del papel en las yemas de los dedos y el placer de pasar las leves páginas, admirar las tipografías, la composición del volumen en sí, desde los cuadernillos, las marcas de agua, la paginación (aspectos que ahora estoy comenzando a apreciar debido a mi incipiente formación en la crítica textual), las portadas, la comparación de ediciones, sin dejar atrás el amantísimo y apasionado trabajo que lleva un libro detrás y que compromete, no solo al autor, sino a ilustradores, maquetadores, revisores, traductores, editores y tantos otros.

Los libros, a pesar de encontrarnos excepcionalmente acostumbrados a ellos y considerarlos unos elementos normales y corrientes, son auténticos tesoros que ya no solo encierran un proceso de trabajo determinado y un pellizco de la cultura del hombre, sino que son elementos bellísimos, primorosamente realizados y rodeados de los cuales, en ciclópeas cantidades, algunos moriríamos por estar. Ya que, como dijera Borges, "Siempre imaginé que el Paraíso sería alguna especie de biblioteca" y así lo imagino yo también.

Con esto, no quiero decir que condene el empleo de los libros electrónicos, sino su uso con precaución, con moderación y, siempre teniendo en cuenta, que los eBooks son solo una pobre sombra de lo que el ejemplar físico representa. Por ello, seguid comprando libros, no abandonéis las desvencijadas librerías de barrio, esas viejas y con libros extraños, descatalogados, olvidados, raros, maravillosos. Olvidaos de la Fnac, de El Corte Inglés, de Amazon y de la Casa del Libro en la medida de lo posible, porque ellos no forman parte de la historia del libro, sino solo de la mercantilización de la cultura.





Gracias a Lorena de Pink Hummingbird, por inspirar e impulsar esta entrada gracias al descubrimiento del vídeo que sobre estas líneas reside.



Fuente de la imagen: Tumblr

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